¿Rellenos o lifting facial? Es una duda frecuente cuando empezamos a notar que nuestro rostro ya no tiene el mismo aspecto que hace unos años y queremos mejorarlo.

A veces hemos perdido volumen y podemos recuperarlo con un relleno. Otras, los tejidos han descendido y el rostro ha empezado a perder definición. En algunos casos, ambos cambios aparecen al mismo tiempo.

Por eso, antes de decidir el tratamiento, hay una pregunta mucho más importante: ¿qué está produciendo realmente el cambio que vemos?

Si hemos perdido volumen, un relleno puede ayudarnos a recuperarlo. Si el problema es que los tejidos han descendido, tendremos que plantearnos cómo reposicionarlos. Identificar la causa nos permite elegir el tratamiento adecuado.

No todos los cambios del rostro son pérdida de volumen

 

Con los años podemos notar que las mejillas están menos definidas, que aparecen los primeros jowls o que la mandíbula ya no tiene el mismo contorno. A simple vista podemos interpretar todos estos cambios como una pérdida de volumen, pero no siempre es así.

En algunas zonas realmente hemos perdido volumen. En otras, el volumen sigue estando ahí, pero ha cambiado de posición.

Esta diferencia es importante porque el tratamiento no puede ser el mismo. Si una zona ha perdido volumen, puede tener sentido recuperarlo. Pero si lo que ha ocurrido es que los tejidos han descendido, añadir producto no consigue devolverlos a su posición original.

Por eso, antes de hablar de ácido hialurónico o de cirugía, prefiero empezar por entender qué ha cambiado en el rostro.

¿Cuándo pueden ser una buena opción los rellenos?

 

Los rellenos pueden conseguir resultados muy naturales cuando existe una pérdida de volumen concreta que queremos recuperar.

Con el paso del tiempo podemos perder volumen en zonas como las sienes o las mejillas. En estos casos, restaurarlo de forma selectiva puede ayudar a recuperar algunas proporciones del rostro sin necesidad de cirugía.

Pero no creo que debamos rellenar una zona simplemente porque haya cambiado con los años.

Lo importante es saber por qué ha cambiado.

Si realmente falta volumen, podemos plantearnos recuperarlo. Si el problema es que los tejidos han descendido, tendremos que valorar otras opciones.

Volumen y posición no son lo mismo

 

Esta es probablemente la idea más importante de todo el artículo.

Podemos perder volumen y podemos perder posición. Y no es lo mismo.

Una mejilla puede verse más vacía porque ha perdido parte de su volumen. En ese caso, un relleno bien indicado puede mejorarla.

Pero también puede ocurrir que esa mejilla no haya perdido tanto volumen y simplemente haya descendido. Entonces empiezan a cambiar otras zonas: se marca más el surco, aparece el jowl y la mandíbula pierde definición.

En este caso, añadir volumen puede disimular algunos cambios, pero no devuelve los tejidos a la posición que tenían antes.

Por eso, cuando valoro un rostro, intento diferenciar cuánto hay de pérdida de volumen y cuánto de descenso de los tejidos. Muchas veces existen las dos cosas, pero no necesariamente tenemos que tratarlas de la misma manera.

 

Pérdida de volumen
Descenso facial

¿Por qué llega un momento en el que añadir más relleno puede no ser suficiente?

 

Al principio, pequeñas cantidades de relleno pueden corregir determinadas pérdidas de volumen y conseguir resultados muy naturales.

El problema aparece cuando intentamos utilizar el volumen para compensar unos tejidos que han descendido.

Podemos añadir producto para intentar disimular un jowl, una mejilla descendida o una mandíbula que ha perdido definición. Pero si seguimos haciéndolo de forma repetida, llega un momento en el que podemos estar añadiendo volumen sin corregir realmente aquello que preocupa al paciente. Y el rostro puede empezar a verse más pesado y artificial.

Esto no significa que los rellenos sean buenos o malos. Significa que tienen que utilizarse para aquello que realmente pueden mejorar.

Por eso, cuando considero que añadir más volumen no va a mejorar el problema, prefiero no hacerlo. A veces habrá que valorar una cirugía y otras veces simplemente podemos decidir que todavía no merece la pena tratar.

 

Entonces, ¿cuándo puede tener sentido plantearse un lifting facial?

 

Un lifting facial puede empezar a tener sentido cuando lo que queremos mejorar ya no es principalmente una pérdida de volumen, sino el descenso de los tejidos.

En estos casos, el objetivo de la cirugía es diferente al de un relleno. No buscamos añadir volumen para disimular esos cambios, sino reposicionar los tejidos y recuperar parte de los contornos que se han ido perdiendo con los años. Una de las técnicas que permite trabajar sobre estos tejidos profundos es el lifting deep plane.

Esto no significa que ante los primeros signos de flacidez tengamos que plantearnos una cirugía. Si los cambios son pequeños, podemos decidir tratarlos de otra manera o simplemente esperar.

Para mí, el lifting empieza a tener sentido cuando existe un cambio que realmente preocupa al paciente, podemos mejorarlo mediante cirugía y el beneficio que esperamos conseguir justifica realizar una intervención.

¿El lifting sustituye a los rellenos?

 

No necesariamente. Un lifting y un relleno tienen objetivos diferentes, y precisamente por eso pueden ser complementarios.

El lifting permite reposicionar los tejidos que han descendido, pero no recupera necesariamente el volumen que se ha perdido con los años. Del mismo modo, un relleno puede ayudarnos a recuperar ese volumen, pero no puede reposicionar unos tejidos que han descendido.

Por eso, realizar un lifting no excluye el uso de rellenos. En algunos pacientes la cirugía puede resolver prácticamente todo aquello que les preocupa; en otros, puede quedar alguna pérdida de volumen que tenga sentido tratar de forma selectiva.

Lo importante es que cada tratamiento tenga un objetivo concreto y no intentar que una única técnica resuelva todos los cambios del envejecimiento facial.

¿Cómo saber qué necesita mi rostro?

 

No siempre es sencillo distinguir si un cambio se debe a una pérdida de volumen, al descenso de los tejidos o a una combinación de ambos. De hecho, lo habitual es que con el paso de los años se produzcan varios cambios al mismo tiempo.

Por eso, prefiero realizar una valoración de rejuvenecimiento facial en conjunto y no decidir el tratamiento observando únicamente la zona que preocupa al paciente.

En la consulta intento identificar qué ha cambiado, qué está produciendo ese cambio y qué queremos mejorar. A partir de ahí podemos decidir si tiene sentido recuperar volumen, reposicionar tejidos o combinar diferentes tratamientos.

Y también puede ocurrir que no sea necesario hacer nada en ese momento. No todos los cambios que aparecen con los años necesitan ser tratados.

Para mí, la decisión no debería empezar preguntándonos qué tratamiento queremos hacernos, sino qué queremos mejorar y cuál es la forma más adecuada de hacerlo.

Elegir entre rellenos o lifting facial no debería depender de qué tratamiento nos guste más o queramos evitar. Depende de qué está produciendo realmente los cambios que vemos en el rostro.

A veces necesitaremos recuperar volumen; otras, reposicionar tejidos. Y en algunos pacientes ambas cosas pueden tener sentido, siempre que cada tratamiento tenga un objetivo claro.

Por eso, antes de decidir qué hacer, prefiero partir de una buena valoración. Entender primero qué ha cambiado y decidir después cuál es la mejor forma de mejorarlo.

 

Dr. Joaquín Lora Díaz

Especialista en Otorrinolaringología y Cirugía estética de Cabeza y Cuello.

Cirugía Estética Facial · Sevilla.

Sobre mí

La información de este artículo tiene carácter divulgativo y no sustituye una valoración médica individualizada.